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Los agentes inteligentes llegaron para automatizar tareas repetitivas, respaldar
decisiones con datos y liberar a las personas para tareas de máximo valor agregado.
Supongamos que nos proponen un juego para que asociemos libremente palabras con las áreas de administración, finanzas y cobranzas de las organizaciones. Apostamos a las que primeras que aparecen son “caos”, “riesgo” y, para muchos que trabajan en esas áreas, “aburrimiento”.
Es que por un lado, estos sectores son el corazón operativo de las organizaciones y, por el otro, son de los más expuestos a la presión. Se necesita eficiencia, control y velocidad de respuesta y, al mismo tiempo, abundan las ineficiencias, procesos manuales inexplicables y necesidades de autorizaciones sorprendentes para pasar a una siguiente instancia.
La automatización puede considerarse un primer milagro: eliminó las pilas de papel, los errores no forzados, los controles que sólo generaban dolor de cabeza. Hoy podemos dar un salto adicional hacia un milagro aún más grande: los agentes inteligentes.
Autónomos y supervisados
Estamos hablando de sistemas capaces de ejecutar, decidir y optimizar procesos en cualquiera de estas tres áreas de manera autónoma y supervisada. Asumen por su cuenta funciones que antes requerían intervención humana: conciliaciones, validaciones de documentación, análisis de inconsistencias, seguimiento de pagos o priorización de cobranzas.
No son simples herramientas, son colaboradores digitales que entienden el contexto, interactúan con múltiples fuentes de información y ejecutan acciones en tiempo real.
Hablamos de procesamiento automatizado de facturas con los documentos archivados de manera centralizada. O de gestión de gastos y presupuestos en tiempo real, con alertas automáticas cuando se produce una anomalía o un desvío. O del seguimiento de proyectos financieros con análisis continuo e integrado de recursos y rentabilidad.
Apenas unos pocos ejemplos de cómo se pueden lograr mejoras sustanciales en la previsibilidad y el control. Los agentes pueden detectar desvíos en flujos de caja, anticipar riesgos de mora o identificar patrones de comportamiento en clientes que impacten en la liquidez.
Más trazabilidad, menos errores
Dicho en pocas palabras: las tareas repetitivas se automatizan, las decisiones se respaldan en datos y los equipos pueden enfocarse en actividades de mayor valor, como la planificación financiera o la relación con clientes. En términos de resultados, hablamos de más trazabilidad, menos errores y capacidad de escalar procesos sin incrementar costos estructurales.
No es para presionarlos, pero los clientes de Meriti que juega
n el juego de asociar palabras con las áreas de administración, finanzas y cobranzas, seguramente estén eligiendo “orden”, “control”, “beneficios” y, por qué no, “placer”.
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